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Son tres ejemplos de amor, valentía, tesón, y forman parte del milagro de la vida. Integran familias de muy escasos recursos del interior del país, que con clara fortaleza y verdadero esfuerzo se acercan hasta el Hospital Materno Infantil de San Lorenzo para que sus hijos puedan seguir como se debe el tratamiento contra una enfermedad que ni siquiera conocían, la leucemia linfoblástica aguda (LLA).
Nilson Javier Espínola (9)


"No tengo marido, trabajo en la casa y mis hijos más grandes me ayudan", afirma esta madre que trae upa a su hijo en micro, en un largo viaje, que le posibilita el acceso a la salud.

"Sé que el año que viene ya podré volver a la escuela", comenta sonriendo Nilson, mientras saborea una galletita con leche chocolatada, durante el desayuno, en la salita de juegos del hospital. "Extraño a mi profesora y a mis compañeros. Ahora estoy enfermo y me ponen vacunitas", añade. Gregoria lo mira con cariño y asegura: "Sé que me voy a sacrificar un poco, pero que después Nilson se va a curar". Y el niño sabe que su mamá lo quiere mucho.

Un lazo de afecto a toda prueba une a Silvestre (7) y su madre María Aparecida Borges (45). "Chivé", como lo llaman cariñosamente, tiene seis hermanos más: Bartolomé (16), Estelvina (15), Elisa (12), Emigdio Dionisio (9), Buenaventura (5) y María Isabel (3).

Silvestre enfermó hace unos tres años, en un brazo le apareció una herida, tuvo mucha fiebre y no se curaba. No comía, estaba desganado, ya sin ganas de caminar. Su mamá lo llevó al hospital de Saltos del Guairá, Canindeyú. Luego al Materno Infantil de San Lorenzo. "Gracias a Dios y a la Virgen María que ahora está bien. Parecía casi muerto. Sigue su tratamiento desde hace tres años, al comienzo fue muy dificultoso y pesado, vivimos lejos, yo no sabía leer. Para nosotros la ayuda de la Fundación Asoleu fue demasiado importante" , enfatiza María.

Hoy "Chivé" va al segundo grado a la Escuela General Díaz y juega como "defensa" en los partidos de fútbol, con el corazón puesto en el Club Cerro Porteño. María lo mira, y añade que a veces las mamás dicen que están cansadas, que todo es difícil. "Yo no estoy cansada; venimos de muy lejos, el viaje dura 6 horas; hago eso y más por mi hijo, que hoy ya está mucho mejor".

 
Oscar (6)

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Fueron primero al hospital Manuel Riveros de Ciudad del Este, y luego al Hospital Materno Infantil de San Lorenzo. Mediante Asoleu Oscar recibió todos los medicamentos necesarios para el tratamiento. Saturnina, quien en los inicios de la enfermedad de su hijo estaba embarazada, se mudó con el niño a la casa de su cuñada, para estar más cerca del centro hospitalario."Somos pobres y por eso venimos acá. Para los medicamentos nos ayudó Asoleu, y además recibimos el apoyo de familiares y vecinos", explica, mientras es observada con cariño por Oscar, a quien le encanta jugar con autitos, y ver dibujitos animados en la tele. Es cerrista, le encanta comer asado con ensalada y jugo de naranja, se siente muy feliz, y ¡sano!.

 "Estamos muy contentos, procuramos mucho por él, para que venga siempre a su tratamiento y esté todo bien", comenta con una sonrisa de satisfacción Saturnina. Con la ayuda de Asoleu se hacen posible estos milagros. Sea usted parte de ello.

Oscar ya está curado. Las visitas al hospital con su mamá Saturnina Irala (39) son exclusivamente para control médico. Oriundos de Ciudad del Este, integrantes de una numerosa familia, se vieron sorprendidos cuando Oscar empezó a sufrir de ictericia (coloración amarillenta de la piel), moretones sin aparente explicación y sangrado de nariz.es hijo de Gregoria Martínez (47), madre de otros cuatro hijos: Derlis (26), Zuny (24), Noelia (21) y Cintia (17), todos del Departamento de Caazapá. Cuenta Gregoria que a Nilson le dolían mucho los huesos, desde diciembre del 2006. Fue diagnosticado en marzo de este año, y recibe el tratamiento adecuado mediante Asoleu

 


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